El eslogan del último folleto publicado por la oficina de turismo de Amsterdam da de lleno en el corazón de la capital neerlandesa: "Amsterdam: Una ciudad sobre el agua". Al igual que Venecia, esta ciudad se fundó sobre el agua y aún hoy desarrolla su actividad a través de ella; los canales no son meras atracciones turísticas como en la ciudad italiana, la capital de Holanda no es una pieza de museo. Amsterdam es un ente vivo, una metrópolis que vive y respira, no sólo un oasis para turistas que vienen a disfrutar de un cigarrillo aliñado o en busca de sexo extramarital. En las casas flotantes de los canales, más allá de las juergas masculinas y las mujeres trabajadoras, jóvenes empresarios cibernéticos cierran negocios por toda Europa. Justo a las afueras de casco antiguo se encuentra el RAI, uno de los centros de conferencias y negocios más importantes del continente. Además de las casas flotantes en los canales, por las vías acuáticas de la ciudad pasan grandes barcos de crucero y navíos de carga provenientes de todo el mundo. Hoy en día, Amsterdam trafica con turistas con la misma naturalidad con la que comerció durante siglos con productos y servicios.
Ha llovido mucho desde el establecimiento de la capital holandesa, que según la leyenda, sus fundadores fueron dos pescadores y un perro mareado. Dice la leyenda que el perro saltó desde el barco a la tierra firme para expulsar el contenido de su estómago y así los dos hombres se convirtieron en los padres de Amsterdam. Con toda probabilidad la historia real fue menos prosaica y fue la represión del río Amstel en el siglo XIII lo que permitió el establecimiento de una colonia en el lugar, bautizada como Aemstelledamme. El escenario fluvial de Amsterdam ha sido durante años su alma vital, próxima al Mar del Norte y construida en una miríada de canales, se encuentra perfectamente dividida en distritos de fácil navegación, que le aporta un ambiente de pueblo. En Amsterdam parece que hay un canal en cada esquina, lo que no resulta sorprendente, puesto que hay más de 165 canales (más que en Venecia).
En los últimos años la mala publicidad que ha traído el incremento de la violencia y el asesinato del político de extrema derecha Pim Fortuyn en 2002, ha suscitado un debate político sobre el endurecimiento de los controles de inmigración, ensombreciendo la reputación tolerante de la ciudad. Amsterdam es aún un remanso de paz para la multitud de nacionalidades, opciones sexuales y diferentes posturas políticas y religiosas, aunque esta apacibilidad esté empezando a resquebrajarse y se hayan endurecido las leyes de inmigración. Todavía existe la tolerancia con respecto a los vicios del hombre y se aplican soluciones prácticas a las cuestiones como la prostitución y el consumo de drogas blandas.
Durante el verano, la actividad de la ciudad se concentra en Vondelpark, donde los ciudadanos y turistas se relajan bajo el agradable sol. Según las estadísticas, Amsterdam es una de las ciudades de Europa más lluviosas, pero en cuanto sale el sol, los habitantes se lanzan a la calle para disfrutar en las mesas exteriores de las cafeterías, navegar por el canal o incluso participar en el omnipresente pasatiempo de la ciudad: montar en bicicleta (la ciudad tiene el doble de número de bicicletas que de habitantes). Los inviernos de la ciudad suelen ser fríos con bastantes precipitaciones, factor que no parece disuadir a los turistas. Los inviernos, especialmente fríos, ofrecen la oportunidad única a los visitantes de presenciar a los lugareños patinando por los pintorescos canales helados. Gracias a la multitud de conexiones por tren, autobús y avión con el resto de Europa, la capital holandesa es un destino turístico durante todo el año, así como uno de los puntos comerciales clave del planeta.
Ha llovido mucho desde el establecimiento de la capital holandesa, que según la leyenda, sus fundadores fueron dos pescadores y un perro mareado. Dice la leyenda que el perro saltó desde el barco a la tierra firme para expulsar el contenido de su estómago y así los dos hombres se convirtieron en los padres de Amsterdam. Con toda probabilidad la historia real fue menos prosaica y fue la represión del río Amstel en el siglo XIII lo que permitió el establecimiento de una colonia en el lugar, bautizada como Aemstelledamme. El escenario fluvial de Amsterdam ha sido durante años su alma vital, próxima al Mar del Norte y construida en una miríada de canales, se encuentra perfectamente dividida en distritos de fácil navegación, que le aporta un ambiente de pueblo. En Amsterdam parece que hay un canal en cada esquina, lo que no resulta sorprendente, puesto que hay más de 165 canales (más que en Venecia).
En los últimos años la mala publicidad que ha traído el incremento de la violencia y el asesinato del político de extrema derecha Pim Fortuyn en 2002, ha suscitado un debate político sobre el endurecimiento de los controles de inmigración, ensombreciendo la reputación tolerante de la ciudad. Amsterdam es aún un remanso de paz para la multitud de nacionalidades, opciones sexuales y diferentes posturas políticas y religiosas, aunque esta apacibilidad esté empezando a resquebrajarse y se hayan endurecido las leyes de inmigración. Todavía existe la tolerancia con respecto a los vicios del hombre y se aplican soluciones prácticas a las cuestiones como la prostitución y el consumo de drogas blandas.
Durante el verano, la actividad de la ciudad se concentra en Vondelpark, donde los ciudadanos y turistas se relajan bajo el agradable sol. Según las estadísticas, Amsterdam es una de las ciudades de Europa más lluviosas, pero en cuanto sale el sol, los habitantes se lanzan a la calle para disfrutar en las mesas exteriores de las cafeterías, navegar por el canal o incluso participar en el omnipresente pasatiempo de la ciudad: montar en bicicleta (la ciudad tiene el doble de número de bicicletas que de habitantes). Los inviernos de la ciudad suelen ser fríos con bastantes precipitaciones, factor que no parece disuadir a los turistas. Los inviernos, especialmente fríos, ofrecen la oportunidad única a los visitantes de presenciar a los lugareños patinando por los pintorescos canales helados. Gracias a la multitud de conexiones por tren, autobús y avión con el resto de Europa, la capital holandesa es un destino turístico durante todo el año, así como uno de los puntos comerciales clave del planeta.
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